Arte expresivo

Para mí, el arte es un trabajo de traducción.

Pensamientos, sensaciones, sentimientos, circunstancias que a uno le llegan fuerte, cosas que uno quiere recordar, situaciones que uno quiere sacarse de encima y mirar de frente diciéndoles: así que eras tú lo que tanto me pesaba por dentro. Ahí estás. Mucho gusto; ahora puedes irte.

Todo eso, traducido a una simple imagen. Una síntesis, un epicentro, un corazón.


Cada cierto tiempo me pasa, que vuelvo mi mirada atrás para analizar mi arte, y de pronto, ya no me gusta nada (o casi nada) de lo que he hecho hasta el momento.

En ocasiones siento que me falta mejorar mucho en mis bases de dibujo, parece que esa es una tarea que nunca va a terminar. Pero, particularmente, las veces que más me duele que nada de lo que he hecho me guste, es cuando noto el vacío de contenido, esa falta de un mensaje transversal que una a todo lo que hago.

Me digo a mí misma: ¿qué estás haciendo? ¿no será que tu arte vacío es un reflejo de tu vacío interno? ¿de qué te sirve mejorar la técnica si no mejoras tu esencia? ¿a qué le estás vendiendo tu alma?

Y en este contexto de pensamientos, es que me propuse dejarme llevar un poco, escucharme y traducirme. Necesitaba, y aun necesito, crear cosas que me llenen. El arte no es un resultado, es una expresión.

Decidí restarle importancia a la técnica, a los acabados, a las opiniones, a la vergüenza de decir demasiado sobre mí, a solo buscar hacer lo que sería más fácil de vender, a tener un feed de instagram muy bonito y uniforme. Solo quise traducirme. Ser la persona, no la marca.

Sin más que añadir, aquí les dejo las últimas cosas que he hecho, estoy orgullosa de haberme sacado todo esto de adentro, ha sido como darme un abrazo.

Publicado por Ana Parada Cotrina

Diseñadora e ilustradora ecuatoriana-chilena. Creadora de Anacrónica, un espacio donde explora la intersección entre el arte, la fe y la cultura visual.

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